Me siento a escribir poemas y sólo me salen versos sin rima. Me siento a componer canciones y sólo me llueven melodías desacompasadas. Me siento a relatar historias y sólo me nacen principios sin final. Me siento a inventar fantasías y me doy de frente con la cruda realidad. Y me desconcentro, perdida entre voces desconocidas que hablan sobre análisis de películas que nadie ha visto, licencias literarias permitidas, historias pasadas de un verano inolvidable, letras de canciones de The Beattles. Y mientras recogen sus cosas para bajarse en la siguiente estación, yo me quedo en blanco, con mis poemas sin rima a medio hacer, mis canciones que nadie se atrevería a cantar, y mis historias, producto de un momento de enajenación mental transitoria.
Adios, Voz 1 y Voz 2, nos veremos la semana que viene.
P.D: Al autor del comentario en el post anterior... quiero que sepa que todavía no he conseguido averiguar quién es. Y no me gusta quedarme con la intriga... xD. Así que si por casualidad se deja caer por aquí otra vez, agradecería que se identifique, porque por lo visto, nos conocemos... jar...
viernes 3 de julio de 2009
domingo 7 de junio de 2009
Suddenly
Y de repente te echo de menos, al otro lado de la cama, en una de esas mañanas de una noche interminable. En el asiento del copiloto, mirando de reojo mis manos torpes de conductor inexperto, guiando mis volantazos inesperados, riéndote a carcajadas en mis intentos de aparcar el coche en un hueco donde caben dos. En la butaca de la derecha del cine, cuando tu hombro me servía de almohada y reclinaba mi cabeza sobre tu pecho en un movimiento lento e indeciso, y buscaba el roce de tu mano, con el miedo de encontrar barreras en el camino. Después de haber soñado contigo, cuando me giro, te busco, y ya no estás, porque desapareces cuando abro los ojos, te vas cuando vuelvo a la realidad. Y de repente me doy cuenta que te pienso con el corazón, y te añoro con el pensamiento, y que mezclo el hoy con el ayer, y lo sirvo en vaso largo, con dos cubitos de hielo y una pajita. Y me lo bebo a sorbos, dejando siempre el final para mañana.
miércoles 14 de enero de 2009
El pan nuestro de cada día
Corren tiempos donde todo el mundo escribe, pero pocos son los escritores. Donde todo el mundo canta, pero faltan cantantes. Donde todo el mundo baila, pero los bailarines se cuentan con los dedos de una mano. Todo el mundo toca (y se deja tocar), todo el mundo enseña, pero muy pocos aprenden. Tanto aparentas, tanto vales. Y mírame, mira lo bien que lo hago, y dame puntos, halágame que no pienso sonrojarme. Cómprame un espejo donde poder ver mi reflejo, no importa que imite modelos, que yo no quiero romper moldes. Y bájame el sol y la luna, mientras yo pierdo mi tiempo mientras gana mi autoestima. Y saca a bailar a mi ego, y tómale de la mano, y perdónale si te da un pisotón, o si se despista en un giro y acaba bailando con el de al lado. Y constrúyele un altar hecho a su medida, y un castillo con muchas habitaciones, y camas con colchones mullidos donde poder descansar, y pasillos largos y estrechos donde poder perderse. Y mímalo, sobre todo, mímalo mucho, dale calor en invierno, y un helado de tres sabores en verano. Y finge que te importa, pero sin que se dé cuenta. Y vístelo de seda, de lino blanco, de tul azul. Y no dejes que muera, aliméntalo con los mejores manjares, vino dulce de uvas, besos con salsa picante. Y resucítalo cada mañana, que la noche lo confunde. Lisonjas y limosnas, amor propio y ajeno. Y cientos de horas invertidas en parecer lo que quieres ser, y acabar siendo algo parecido a nada.
domingo 12 de octubre de 2008
Noches de bohemia
Cada noche, desde hace once años, duerme en un sitio diferente. En el cajero de algún banco, o en el banco de alguna rambla. Debajo de puentes, encima de cartones. Si tiene suerte, en la noches de más frío, consigue cama y un plato de sopa fría en algún albergue de caridad. Se pasa los días de acá para allá, arrastrando un carrito lleno de trastos viejos e inútiles que encuentra abandonados en los contenedores de las calles que recorre; una muñeca sin pelo y con las ropas raídas, una radio sin pilas, una caja de lata, donde algún día hubo galletas de chocolate, llena de aboyaduras y con un árbol de Navidad en la tapa de colores desgastados. Siempre lleva consigo una foto de su único hijo, al que no ve desde el día que la vio postrada en la acera pidiendo limosna, con una mano extendida y un trozo de cartón en la otra, donde leyó "TENGO CINCO IJOS PEQUEÑOS, UNA ALLUDITA, POR FABOR".
Deambula por parques solitarios y callejones sin salida, buscando entre los restos de basura una pieza de fruta podrida, unas migas de pan duro o un trozo de carne mordisqueado. Dos grandes agujeros adornan sus viejas zapatillas de andar por casa, y hace más de tres meses que no se ducha. Guarda con recelo un libro que encontró de García Márquez, y lo lee con ansias para olvidarse del dolor cuando llega el invierno. Conoce cada rincón de la ciudad que la vio nacer, y se esconde detrás de un árbol cuando escucha desde lejos la sirena de algún coche de policías. Le gusta jugar a las adivinanzas con los gatos, y contar hasta cien para volver a empezar. Y chapotear en los charcos que encuentra a su paso, y tumbarse bajo el sol, con los dedos asomándole a través de los calcetines rotos, hasta que se queda dormida con una sonrisa de oreja a oreja. Disfruta de la risa de los niños, y se pierde viéndoles jugar en las cortas noches de verano. Recrea en su mente partituras que luego tararea calle abajo, parándose en cada Sol para calentar su alma. Y muerde con los pocos dientes que le quedan a un viejo chiflado que intenta robarle el retrato de su hijo. Siente en sus huesos cuándo va a cambiar el tiempo, y es capaz de predecir las lluvias sin equivocarse. Y se deja llevar por el silencio de las noches sin fin, apostada en cualquier esquina, rezándole a un Dios en el que hace tiempo dejó de creer para que se apiade de ella y le devuelva la luz del día.
Deambula por parques solitarios y callejones sin salida, buscando entre los restos de basura una pieza de fruta podrida, unas migas de pan duro o un trozo de carne mordisqueado. Dos grandes agujeros adornan sus viejas zapatillas de andar por casa, y hace más de tres meses que no se ducha. Guarda con recelo un libro que encontró de García Márquez, y lo lee con ansias para olvidarse del dolor cuando llega el invierno. Conoce cada rincón de la ciudad que la vio nacer, y se esconde detrás de un árbol cuando escucha desde lejos la sirena de algún coche de policías. Le gusta jugar a las adivinanzas con los gatos, y contar hasta cien para volver a empezar. Y chapotear en los charcos que encuentra a su paso, y tumbarse bajo el sol, con los dedos asomándole a través de los calcetines rotos, hasta que se queda dormida con una sonrisa de oreja a oreja. Disfruta de la risa de los niños, y se pierde viéndoles jugar en las cortas noches de verano. Recrea en su mente partituras que luego tararea calle abajo, parándose en cada Sol para calentar su alma. Y muerde con los pocos dientes que le quedan a un viejo chiflado que intenta robarle el retrato de su hijo. Siente en sus huesos cuándo va a cambiar el tiempo, y es capaz de predecir las lluvias sin equivocarse. Y se deja llevar por el silencio de las noches sin fin, apostada en cualquier esquina, rezándole a un Dios en el que hace tiempo dejó de creer para que se apiade de ella y le devuelva la luz del día.
lunes 29 de septiembre de 2008
Como en un comic
"Soy invencible", pensó, mientras le atravesaban con una daga el corazón. Y sin apenas inmutarse, fue desangrando todas sus penas y alegrías, fues desgranando los momentos de pasión contenida, también aquellos en que ésta desbordaba márgenes y límites, rompía muros y barreras. "Soy invencible", pensó, mientras su alma se desgarraba, y sus ganas se agarraban a cada lágrima derramada. Inmóvil, porque la certeza de saberse ante la verdad más absoluta le agarrotaba los músculos. Intocable, porque sobrevolaba el mundo que se movía bajo sus pies, entre nubes de algodón. Irrompible, porque estaba hecho de una mezcla de acero, diamante y el oro más puro. Indiscutible(mente) se le fue apagando la luz, poquito a poco, y en la oscuridad más negra volvió a pensar "soy invencible".
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